DÍA 1
Tras alojarnos en el Wolcott y darnos una ducha rápida para despejarnos salimos a la calle. Son las 6 o las 7 de la tarde pero llevamos sin dormir casi 24h y nuestros cuerpos lo notan, aún así la emoción y el querer luchar contra el jet lag hacen que nos propongamos acostarnos como mínimo a las 22:00h, para entonces ya habrán pasado 24h desde que dormimos por última vez en casa y sabemos que así será más fácil adaptarnos al nuevo horario.
Casi sin querer llegamos al Empire State, que está a tres manzanas del hotel y como no vemos mucha gente decidimos canjear nuestro bono por el talonario NY City Pass que llevamos comprado desde España. Este talonario te permite acceder saltándote la cola más larga (la de compra de entrada) y acceder directamente al a cola de acceso (suele ser más corta). En el talonario tienes cinco atracciones: el empire state, el moma, el metropolitan o el top of the rock, el arqueológico y a elegir la estatua de la libertad o un paseo en ferry.
Entre unas cosas y otras acabamos haciendo cola para entrar a una atracción del Empire State que se llama Skyride. Cuesta 24 dólares y consiste en una mini sala de cine de éstas en las que se mueven los asientos y proyectan un vídeo sobre la ciudad vista desde helicóptero. La verdad es que si vas cansado el chisme te marea y es muy cutre. Creo que ha sido lo peor del viaje con mucha diferencia, sobre todo porque desde esta zona tuvimos que volver a bajar para volver a subir al piso 86, desde el que se ven unas vistas impresionantes de la ciudad (esto sí que entraba con el talonario city pass).
Desde el Empire vimos NY de noche y como aún no había paseado por sus calles me dio mayor impresión saber que sólo tenía que bajar en ascensor para estar allí.
Como hacía un frío de mil demonios no pudimos estar mucho rato, así que dimos la vuelta de rigor, hicimos miles de fotos y bajamos a buscar un sitio donde cenar. Eran las diez de la noche y estábamos realmente cansados.
Cerca del hotel encontramos una pizzeria (Empire Pizza) y nos comimos un par de ensaladas con una porción de pizza enoooorme. A los americanos les gusta todo muy grande... No recuerdo cuánto costó, pero supongo que al cambio sería menos de 10€.
Así fue como terminamos nuestro primer día en NY. Agotados, rendidos en nuestras camitas y durmiendo toda la noche de tirón... ¿quién dijo que por el cambio horario nos despertaríamos a las 4 de la madrugada? nosotros nos despertamos gracias a la alarma del despertador a las 8 y a las 9:30 ya estábamos desayunando muffins y bebiendo café aguado (por cierto, me lo imaginaba mucho peor... pero realmente es como una infusión de café y los que probé no sabían a rayos).
6.19.2011
NEW YORK, I LOVE YOU!!!!!! (parte 1)
El 2010 acabó con la realización de un viaje que tenía en mente desde hacía años, a mis 28 años (ahora 29) he cruzado el charco y salido de Europa, cosa que ya iba siendo hora teniendo en cuenta que viajar es mi gran pasión.
Hay gente a la que no le motiva el continente americano (en concreto EEUU), pero tenemos que ser realistas, hemos crecido con música que proviene de allí, China y Japón quieren ser como ellos, si en EEUU la cagan (y lo han hecho mucho) a nosotros nos llega su mierda... digamos que EEUU es un poquito de todos nosotros, digamos que estamos tan habituados a su cultura, sus iconos y sus calles, que son un poco nuestros también (nos guste o no)... así que de ahí mi atracción... ¿qué hay en ese país que tanto ha enganchado a la gente? ¿realmente es todo como lo vemos en el cine? ¿porqué los americanos caen tan mal a los europeos?
He de decir que antes de este viaje yo tenía ciertos prejuicios. Pensaba que los neoyorkinos eran engreídos, que los estadounidenses se creían el centro del universo y que miraban al resto de humanos por encima del hombro... hoy reconozco que no me ha dado esa impresión y que en parte mis prejuicios se deben a que considero que en España estamos acomplejados. Nos repiten tantas veces a lo largo del día que nuestra educación es deficiente, que nuestra producción insuficiente... que al final nos da vergüenza ser españoles y no vemos nuestras cualidades.
Nueva York es una ciudad frenética porque se tarda mucho en hacer todo... hay que esperar el metro, hay que hacer cola para comprar un café, hay que hacer cola para recoger el abrigo del guardarropa de un club, hay que esperar para cruzar, hay que hacer cola para comprar en algunas tiendas, hay que caminar despacio (de los tapones de gente que se forman) por las avenidas... que luego, todo ese tiempo perdido, hay que recuperarlo yendo muy rápido por la vida.
En España somos más anárquicos y las colas se respetan mucho menos... aquí el primero que estira la mano gana... en eso deberíamos aprender un poco de NY... su orden y su respeto es impresionante.
En NY el metro es más bien lento (no hay pantallas para ver cuándo llegará el siguiente tren), es sucio, feo y no hay acceso de entrada y otro de salida, sino que es el mismo para todo y se forman unos tapones del carajo... esto es bastante cutre.
En España, el metro de Madrid y el de Barcelona son mucho más modernos, rápidos, limpios, ordenados... y los españoles eso no lo sabemos porque nadie nos lo dice (!!!).
La comida en NY es muy variada, no todo son hamburguesas, de hecho parece que están bastante obsesionados con lo biológico y lo natural, aunque contradictoriamente (igual que en muchos países Europeos) a todo le ponen salsas y aliños y desconocen el valor de un poco de aceite de oliva y sal o simplemente un chorrito de limón.
En España sabemos que nuestra cocina mediterránea es de las mejores del mundo, de las más sanas y de las más variadas, pero aún así cada vez son más las personas que se niegan a comer potajes, ensaladas... y se atiborran de platos precocinados y comida rápida. Esto es otro signo de la mala consideración que tenemos hacia nuestra cultura y costumbres... no por comer lentejas eres menos moderno. El cuscús con queso feta y las hamburguesas de ternera están muy bien, pero debemos conservar un poquito nuestra cocina, porque si no acabaremos como los estadounidenses: primero sin darle valor al placer de comer y más tarde obsesionados con lo biológico, orgánico, lo vegetariano... sólo por moda.
En NY da la impresión de que la gente es muy independiente (estar solo la mayor parte del día es normal, comer solo en un restaurante es normal, ir solo de compras es normal) y la población es muy joven (la edad media es de 35 años). Todo esto hace que la ciudad siempre esté activa. Siempre vemos a alguien joven de un sitio a otro, rápido... y cuando tienen que hacer colas no les cuesta entablar conversación. El neoyorkino habla por los codos, es extrovertido y te cuenta su vida mientras esperas en la cola del super.
En España vemos el ritmo de NY como trepidante, exótico, atractivo.. y no nos gusta nada compararnos con ellos cuando estamos acompañando a nuestros abuelos al mercado o cuando no nos apetece ir solos al cine y llamamos a un amigo. Pero tenemos que reconocer que nuestro sistema familiar hace que nos sintamos más acompañados y tengamos más apoyo... En España hay mucha gente mayor, pero eso no nos hace peores, simplemente diferentes a los norteamericanos... y supongo que por el hecho de tener lazos familiares y de amistad más cercanos no necesitamos abrirnos tanto a los desconocidos. Supongo que por eso no solemos hablar en la cola del supermercado y en el autobús de camino a casa.
No sé, creo que hay diferencia culturales impresionantes, pero al final todos queremos llegar al hogar y descansar del día... me encantaría que en España nos quisiéramos un poco más, porque realmente nuestra sociedad no tiene nada que envidiar a la americana.
Y una vez soltado este rollo sin mucho sentido voy a pasar a explicar cómo ha sido nuestra semana neoyorkina, cómo hemos vivido las navidades, cómo hemos estado en una tormenta de nieve histórica y cómo hemos vuelto a casa con muy buen sabor de boca.
En primer lugar explicaré que a este viaje hemos ido Esther, Santi y yo. Empezamos a planear el viaje allá por enero y finalmente a principios de marzo compramos los billetes a través de Rumbo. Hubo algunos problemillas con la tarjeta y lo solucionaron enseguida sólo con llamar por teléfono. La verdad es que genial con Rumbo.
En cuanto al hotel reservamos un par a través de booking y luego investigamos ubicación con el goolge maps. Así que al final cancelamos sin cargos el hotel de Chinatown y nos quedamos con el Wolcott.
En total y para que os hagáis una idea por si estáis pensando ir, el vuelo Alicante-Madrid y Madrid-Newark nos costó cerca de 800€ con seguro de viaje y cancelación y el hotel nos costó unos 350€ por cabeza para seis noches en habitación triple.
Los precios son baratos si tenemos en cuenta que fuimos en navidades y en estas fechas los hoteles y los vuelos (sin comprarlos con cierta antelación) suelen subirse bastante a la parra, pero aún así si decidís ir en otra época del año y no os importa el calor, creo que verano es temporada baja en NY.
El Wolcott Hotel tiene 100 años y las habitaciones son bastante antiguas, aunque todo tiene cierto encanto "retrocutrelux". El hall es bastante impresionante porque es como entrar al Gran Teatro de Elche, con rosetones y ornamentación de escayola en las paredes y en el techo, una lámpara de araña y moqueta con morbo (parece que esté diciendo: "como yo te cuente todo lo que se me ha caido encima, flipas"). El personal de recepción es bastante seco, nosotros cruzamos las palabras justas con ellos y ni te preguntan qué tal ni nada de nada.
En cuanto a la habitación triple que teníamos reservada era bastante cómoda, porque eran dos habitaciones conectadas por un hueco de puerta sin puerta y bastante ancho. Todo era amplio y las dos zonas teníamos televisor (se escuchaba un poco mal), el cuarto de baño no tenía calefacción y hacía frío dentro, pero ya nos encargábamos nosotros de dejar la puerta abierta todo el día y los radiadores como ollas express... y esa es otra cosa a comentar para que si vais no os asustéis, los radiadores también tiene cien años y juro que jamás había escuchado tremendos ruidos de un chisme de esos... era como si fuera a reventar de un momento a otro y el vapor salía a presión por un agujerito... oye, pero todo muy apañao.
Por cierto, la habitación estaba relativamente limpia y las camas eran bastante cómodas (o eso o es que nosotros estábamos muertos de cansancio).
Más cosas interesantes del hotel... pues que no entraba desayuno propiamente dicho, pero sí que teníamos todas las mañanas en el hall un par de termos de café, leche, té y mogollón de muffins... al tercer día las magdalenas nos salían por las orejas, pero aún así no parábamos y Santi se metía dos bestias de esas cada día.
Sin duda, lo mejor del hotel ha sido el precio y su ubicación... y vosotros diréis... 350€ entre seis noches sala a casi 60€ la noche... muy barato no es... pues no! pero mirad el precio de otros sitios y luego hablamos. En NY los hoteles son un atraco y más aún si luego les añadimos las tropecientas mil tasas que suben el precio inicial.
Como ya he dicho la otra cosa mejor del Wolcott es su ubicación. Resulta que estábamos en la 4th Ave. con la calle 31... y vosotros diréis: "pues qué bien"... eso quiere decir que estábamos a un manzana de la famosa 5a Avenida, a diez minutos de la estación de tren y 15 de Times Sq. A 3 manzanas del Empire State Building... vamos, la mar de bien!
En fin, que el hotel genial y el vuelo... bueno, digamos que se hace duro. Nosotros cogimos un avión de Iberia para ir de Alicante a Madrid y una vez allí, como Continental Airlines no está asociada a Iberia, nos aconsejaron que no mandáramos directamente el equipaje facturado a NY, sino que lo recogiéramos en Barajas y lo volviéramos a facturar. Aquí no tuvimos ningún problema y además hasta nos dio algo para hacer, porque teníamos que esperar unas dos o tres horas para embarcar con Continental.
El viaje de casi 7 horas Barajas-Newark fue menos duro de lo que pensé, porque era de día y sólo hay que tener paciencia: duermes un poco (yo nada de nada), comes lo que te dan (puagh!), ves un par de pelis en inglés o en hispano, duermes, comes, te estiras... y llegas a Newark.
Donde sí lo pasé mal fue a la vuelta, porque volábamos de noche y aunque tienes sueño dormir es complicado con esas almohadas de mentira y los respaldos falsamente reclinables... aunque alguna babilla dejé caer y me pasé un par de horas con los ojos cerrados y la boca abierta... pero incómodo, incómodo, incómodo... y ya para rematarnos, en Barajas nos esperaban 6 horas de dormir el jet lag tirados por los rincones del aeropuerto... hacía tiempo que no estaba tan destrozada, rememoré mis años lozanos de empalmar alguna noche con el día.
La llegada a Newark no fue tan caótica como pensaba. El equipaje facturado salió bien y no pillamos mucha cola en el control de aduanas. Un policía bastante seco nos preguntó qué hacíamos allí (y nosotros con cara de buenos: "holidaysssss"), cuánto tiempo íbamos a esta (y nosotros. "a week" -y sonrisilla-) y poco más. Nos tomó las huellas dactilares y nos hizo una foto... no nos atrevimos a pedirle que nos la mandara por e-mail...
Y tras cruzar la línea de la aduana nos entró la risa floja. Ya estamos en EEUU, hemos llegado a Nueva York!
El personal del aeropuerto es muy majo y chapurrean español, así que no hay problema para encontrar las máquinas dónde comprar el billete de tren a Manhattan. Lo primero es comprar ese billete que cuesta unos 10€ (al cambio actual, que es 1 dolar = 0,75 euros) el trayecto y luego hay que subir a un tren eléctrico que recorre las terminales del aeropuerto hasta Newark Station. Desde Newark Station hay que coger un tren hacia Manhattan (tarda unos 20 minutos más o menos, creo recordar). Nosotros nos bajamos en Penn Station y de allí al hotel fuimos caminando en 10 o 15 minutos.
Hay gente a la que no le motiva el continente americano (en concreto EEUU), pero tenemos que ser realistas, hemos crecido con música que proviene de allí, China y Japón quieren ser como ellos, si en EEUU la cagan (y lo han hecho mucho) a nosotros nos llega su mierda... digamos que EEUU es un poquito de todos nosotros, digamos que estamos tan habituados a su cultura, sus iconos y sus calles, que son un poco nuestros también (nos guste o no)... así que de ahí mi atracción... ¿qué hay en ese país que tanto ha enganchado a la gente? ¿realmente es todo como lo vemos en el cine? ¿porqué los americanos caen tan mal a los europeos?
He de decir que antes de este viaje yo tenía ciertos prejuicios. Pensaba que los neoyorkinos eran engreídos, que los estadounidenses se creían el centro del universo y que miraban al resto de humanos por encima del hombro... hoy reconozco que no me ha dado esa impresión y que en parte mis prejuicios se deben a que considero que en España estamos acomplejados. Nos repiten tantas veces a lo largo del día que nuestra educación es deficiente, que nuestra producción insuficiente... que al final nos da vergüenza ser españoles y no vemos nuestras cualidades.
Nueva York es una ciudad frenética porque se tarda mucho en hacer todo... hay que esperar el metro, hay que hacer cola para comprar un café, hay que hacer cola para recoger el abrigo del guardarropa de un club, hay que esperar para cruzar, hay que hacer cola para comprar en algunas tiendas, hay que caminar despacio (de los tapones de gente que se forman) por las avenidas... que luego, todo ese tiempo perdido, hay que recuperarlo yendo muy rápido por la vida.
En España somos más anárquicos y las colas se respetan mucho menos... aquí el primero que estira la mano gana... en eso deberíamos aprender un poco de NY... su orden y su respeto es impresionante.
En NY el metro es más bien lento (no hay pantallas para ver cuándo llegará el siguiente tren), es sucio, feo y no hay acceso de entrada y otro de salida, sino que es el mismo para todo y se forman unos tapones del carajo... esto es bastante cutre.
En España, el metro de Madrid y el de Barcelona son mucho más modernos, rápidos, limpios, ordenados... y los españoles eso no lo sabemos porque nadie nos lo dice (!!!).
La comida en NY es muy variada, no todo son hamburguesas, de hecho parece que están bastante obsesionados con lo biológico y lo natural, aunque contradictoriamente (igual que en muchos países Europeos) a todo le ponen salsas y aliños y desconocen el valor de un poco de aceite de oliva y sal o simplemente un chorrito de limón.
En España sabemos que nuestra cocina mediterránea es de las mejores del mundo, de las más sanas y de las más variadas, pero aún así cada vez son más las personas que se niegan a comer potajes, ensaladas... y se atiborran de platos precocinados y comida rápida. Esto es otro signo de la mala consideración que tenemos hacia nuestra cultura y costumbres... no por comer lentejas eres menos moderno. El cuscús con queso feta y las hamburguesas de ternera están muy bien, pero debemos conservar un poquito nuestra cocina, porque si no acabaremos como los estadounidenses: primero sin darle valor al placer de comer y más tarde obsesionados con lo biológico, orgánico, lo vegetariano... sólo por moda.
En NY da la impresión de que la gente es muy independiente (estar solo la mayor parte del día es normal, comer solo en un restaurante es normal, ir solo de compras es normal) y la población es muy joven (la edad media es de 35 años). Todo esto hace que la ciudad siempre esté activa. Siempre vemos a alguien joven de un sitio a otro, rápido... y cuando tienen que hacer colas no les cuesta entablar conversación. El neoyorkino habla por los codos, es extrovertido y te cuenta su vida mientras esperas en la cola del super.
En España vemos el ritmo de NY como trepidante, exótico, atractivo.. y no nos gusta nada compararnos con ellos cuando estamos acompañando a nuestros abuelos al mercado o cuando no nos apetece ir solos al cine y llamamos a un amigo. Pero tenemos que reconocer que nuestro sistema familiar hace que nos sintamos más acompañados y tengamos más apoyo... En España hay mucha gente mayor, pero eso no nos hace peores, simplemente diferentes a los norteamericanos... y supongo que por el hecho de tener lazos familiares y de amistad más cercanos no necesitamos abrirnos tanto a los desconocidos. Supongo que por eso no solemos hablar en la cola del supermercado y en el autobús de camino a casa.
No sé, creo que hay diferencia culturales impresionantes, pero al final todos queremos llegar al hogar y descansar del día... me encantaría que en España nos quisiéramos un poco más, porque realmente nuestra sociedad no tiene nada que envidiar a la americana.
Y una vez soltado este rollo sin mucho sentido voy a pasar a explicar cómo ha sido nuestra semana neoyorkina, cómo hemos vivido las navidades, cómo hemos estado en una tormenta de nieve histórica y cómo hemos vuelto a casa con muy buen sabor de boca.
En primer lugar explicaré que a este viaje hemos ido Esther, Santi y yo. Empezamos a planear el viaje allá por enero y finalmente a principios de marzo compramos los billetes a través de Rumbo. Hubo algunos problemillas con la tarjeta y lo solucionaron enseguida sólo con llamar por teléfono. La verdad es que genial con Rumbo.
En cuanto al hotel reservamos un par a través de booking y luego investigamos ubicación con el goolge maps. Así que al final cancelamos sin cargos el hotel de Chinatown y nos quedamos con el Wolcott.
En total y para que os hagáis una idea por si estáis pensando ir, el vuelo Alicante-Madrid y Madrid-Newark nos costó cerca de 800€ con seguro de viaje y cancelación y el hotel nos costó unos 350€ por cabeza para seis noches en habitación triple.
Los precios son baratos si tenemos en cuenta que fuimos en navidades y en estas fechas los hoteles y los vuelos (sin comprarlos con cierta antelación) suelen subirse bastante a la parra, pero aún así si decidís ir en otra época del año y no os importa el calor, creo que verano es temporada baja en NY.
El Wolcott Hotel tiene 100 años y las habitaciones son bastante antiguas, aunque todo tiene cierto encanto "retrocutrelux". El hall es bastante impresionante porque es como entrar al Gran Teatro de Elche, con rosetones y ornamentación de escayola en las paredes y en el techo, una lámpara de araña y moqueta con morbo (parece que esté diciendo: "como yo te cuente todo lo que se me ha caido encima, flipas"). El personal de recepción es bastante seco, nosotros cruzamos las palabras justas con ellos y ni te preguntan qué tal ni nada de nada.
En cuanto a la habitación triple que teníamos reservada era bastante cómoda, porque eran dos habitaciones conectadas por un hueco de puerta sin puerta y bastante ancho. Todo era amplio y las dos zonas teníamos televisor (se escuchaba un poco mal), el cuarto de baño no tenía calefacción y hacía frío dentro, pero ya nos encargábamos nosotros de dejar la puerta abierta todo el día y los radiadores como ollas express... y esa es otra cosa a comentar para que si vais no os asustéis, los radiadores también tiene cien años y juro que jamás había escuchado tremendos ruidos de un chisme de esos... era como si fuera a reventar de un momento a otro y el vapor salía a presión por un agujerito... oye, pero todo muy apañao.
Por cierto, la habitación estaba relativamente limpia y las camas eran bastante cómodas (o eso o es que nosotros estábamos muertos de cansancio).
Más cosas interesantes del hotel... pues que no entraba desayuno propiamente dicho, pero sí que teníamos todas las mañanas en el hall un par de termos de café, leche, té y mogollón de muffins... al tercer día las magdalenas nos salían por las orejas, pero aún así no parábamos y Santi se metía dos bestias de esas cada día.
Sin duda, lo mejor del hotel ha sido el precio y su ubicación... y vosotros diréis... 350€ entre seis noches sala a casi 60€ la noche... muy barato no es... pues no! pero mirad el precio de otros sitios y luego hablamos. En NY los hoteles son un atraco y más aún si luego les añadimos las tropecientas mil tasas que suben el precio inicial.
Como ya he dicho la otra cosa mejor del Wolcott es su ubicación. Resulta que estábamos en la 4th Ave. con la calle 31... y vosotros diréis: "pues qué bien"... eso quiere decir que estábamos a un manzana de la famosa 5a Avenida, a diez minutos de la estación de tren y 15 de Times Sq. A 3 manzanas del Empire State Building... vamos, la mar de bien!
En fin, que el hotel genial y el vuelo... bueno, digamos que se hace duro. Nosotros cogimos un avión de Iberia para ir de Alicante a Madrid y una vez allí, como Continental Airlines no está asociada a Iberia, nos aconsejaron que no mandáramos directamente el equipaje facturado a NY, sino que lo recogiéramos en Barajas y lo volviéramos a facturar. Aquí no tuvimos ningún problema y además hasta nos dio algo para hacer, porque teníamos que esperar unas dos o tres horas para embarcar con Continental.
El viaje de casi 7 horas Barajas-Newark fue menos duro de lo que pensé, porque era de día y sólo hay que tener paciencia: duermes un poco (yo nada de nada), comes lo que te dan (puagh!), ves un par de pelis en inglés o en hispano, duermes, comes, te estiras... y llegas a Newark.
Donde sí lo pasé mal fue a la vuelta, porque volábamos de noche y aunque tienes sueño dormir es complicado con esas almohadas de mentira y los respaldos falsamente reclinables... aunque alguna babilla dejé caer y me pasé un par de horas con los ojos cerrados y la boca abierta... pero incómodo, incómodo, incómodo... y ya para rematarnos, en Barajas nos esperaban 6 horas de dormir el jet lag tirados por los rincones del aeropuerto... hacía tiempo que no estaba tan destrozada, rememoré mis años lozanos de empalmar alguna noche con el día.
La llegada a Newark no fue tan caótica como pensaba. El equipaje facturado salió bien y no pillamos mucha cola en el control de aduanas. Un policía bastante seco nos preguntó qué hacíamos allí (y nosotros con cara de buenos: "holidaysssss"), cuánto tiempo íbamos a esta (y nosotros. "a week" -y sonrisilla-) y poco más. Nos tomó las huellas dactilares y nos hizo una foto... no nos atrevimos a pedirle que nos la mandara por e-mail...
Y tras cruzar la línea de la aduana nos entró la risa floja. Ya estamos en EEUU, hemos llegado a Nueva York!
El personal del aeropuerto es muy majo y chapurrean español, así que no hay problema para encontrar las máquinas dónde comprar el billete de tren a Manhattan. Lo primero es comprar ese billete que cuesta unos 10€ (al cambio actual, que es 1 dolar = 0,75 euros) el trayecto y luego hay que subir a un tren eléctrico que recorre las terminales del aeropuerto hasta Newark Station. Desde Newark Station hay que coger un tren hacia Manhattan (tarda unos 20 minutos más o menos, creo recordar). Nosotros nos bajamos en Penn Station y de allí al hotel fuimos caminando en 10 o 15 minutos.
1.09.2011
DÜSSELDORF
Se me acumula el trabajo y no me apetece nada de nada escribir, pero haré un breve resumen de cómo fue nuestra escapada alemana a la ciudad de Düsseldorf con Yoli, Guille e Iván.
Un viernes a las 15:30h, si no recuerdo mal, subimos a un avión de Ryanair que aterrizaría casi 3 horas después en el aeropuerto de Weeze, lo cual es una gran putada si llegas (o te vas) a horas que no hay buses hacia Düsseldorf, porque resulta que sólo hay a estas horas:

Nosotros no tuvimos problemas porque viajábamos en buenas horas, pero teniendo en cuenta que del aeropuerto a la ciudad hay casi 80 Km... es un poco rollo.
Sobre las cinco de la tarde estábamos en el Hotel Europa Düsseldorf... la verdad es que nos salió muy muy barato (creo que a poco más de 20 euros por persona la noche en habitación doble) y a demás entraba el desayuno, que estaba bastante bueno y tenía variedad.
La ubicación del hotel era correcta, quizás un poco lejos del casco antiguo, pero muy próximo a la estación de tren y bus (unos 10 minutos) y tenía cerca alguna parada de tram, lo que facilita las cosas.
La atención fue genial, los recepcionistas eran muy majos, eso sí, no esperéis un hotel moderno, los muebles de las habitaciones son de Ikea, pero aún así el ambiente respira sobriedad, austeridad y un rancior que bien puede entenderse como "exótico" (hay que ver las cosas buenas...). La cama era aceptable, aunque el lado de Santi se rompió y a media noche aparecía en el suelo enmoquetado y con leve olor de polvo, la ducha era super antigua y en el baño hacía frío y el televisor era parecido a los de nuestras abuelas (sí, aquellos que eran en blanco y negro).
En cuanto a si te estás planteando visitar Düsseldorf... yo creo que vale la pena para un fin de semana o como ciudad puente para visitar otros puntos de Alemania. El casco antiguo es muy pequeño y con encanto, hay diferentes barrios y vale la pena pasear por la zona nueva (donde está la zona de negocios).
Cuando llegamos, y tras comer en la habitación del hotel, Santi y yo salimos a pasear hacia los edificios de Frank Gerhy (unos edificios de formas orgánicas y revestidos con un material metálico que refleja la luz de una forma espectacular y hace que tengan un aspecto diferente en cada momento del día).
Paseando por la ladera del Rin nos llamó Iván, un amigo de Yoli y Guillermo, que llegaba en otro vuelo. Como no nos conocíamos tuvimos algunos problemillas para encontrarnos... sobre todo porque yo soy muy mala dando indicaciones en una ciudad que no conozco y le di una dirección algo lejana a dónde realmente estábamos... pero bueno, al final y bajo la lluvia nos encontramos y nos fuimos a tomar unas cervezas, cenar salchichas y bretzel y hacer tiempo hasta la llegada del resto del grupo, que nos llamaron a las 10 de la noche.
Düsseldorf es conocida como "el bar de Europa" o "la barra más larga del mundo" porque allí aún permiten fumar en muchos sitios y hay una cantidad inimaginable de bares, cervecerías, restaurantes... generalmente todos ubicados en el casco antiguo. Tienen terrazas con estufas y la gente sale a la calle a beber y se arman unos follones impresionantes.
El sábado madrugamos preparados para recorrer Düsseldorf, visitar la zona que Santi y yo ya habíamos visto el día anterior, subir a la torre de televisión (un pirulí altísimo y con unas vistas geniales), pasear por el casco antiguo, ir al aquazoo...
Lo cierto es que ha pasado tanto tiempo desde que fui que ya no recuerdo exactamente el orden de todo lo que hicimos, pero os aseguro que esta ciudad da para mucho más de lo que en un principio imaginamos.
Os anoto varias ideas que pueden ser de interés:
- Existe una tarjeta turística que vale la pena porque no es cara y te permite utilizar sin límites el transporte público (tranvía), entrar en el aquazoo, subir a la torre de tv y no sé qué más.
- Comer es como en España, se puede comer muy barato si se pide menú ejecutivo (9 euros dos platos, bebida y postre) y beber cerveza también es parecido a nuestro país.
- Allí la cerveza típica es la Alt, una cerveza tostada bastante amarga, pero que superado el primer sorbo está bastante buena (también hay "pils" -rubia-).
- Vale la pena hacer el recorrido en barco por el Rin, sobre todo con buen tiempo, porque durante el trayecto hay barra libre y puedes beber lo que quieras (así que el precio del billete es rentable, además las vistas son muy bonitas).
- El aquazoo es bastante chulo, hay una zona de clima tropical y tienen caimanes, aves... sueltos en una zona a la que puedes acceder para pasear.
- El tram es como el metro y resulta cómodo.
- Hay una zona que no recuerdo cómo se llama (Yoli si lees esto ayúdame!!!), pero es muy bonita y tranquila. Queda cerca de las ruinas de una fortaleza y es un barrio residencial con casas bajas, jardines... es parte de Düsseldorf, pero parece un pueblecito a parte. Desde las ruinas hay unas vistas formidables del Rin.
- La gente con la que tratamos fue muy agradable (excepto un camarero estúpido que nos sirvió muy mal y se cobró él mismo la propina), sobre todo en el museo del teatro, que fuimos y al estar cerrado y haber una fiesta privada, nos invitaron a una copa y ya de paso nos quedamos a un concierto...
- Las cartas de los restaurantes a los que entramos no están ni en español ni en inglés... allí alemán, alemán y alemán... Santi y yo que somos los que no hablamos idiomas nos comunicábamos con nuestro rudimentario inglés y algo de mímica... la gente te entienda perfectamente. El idioma nunca ha de ser un impedimento para viajar y a demás, al final siempre acabas aprendiendo alguna frasecilla que usas mil veces y quedas la mar de apañao.
Este fin de semana fue realmente divertido y nos lo pasamos muy bien, supongo que si juntas el habernos reencontrado con unos amigos a los que no vemos demasiado, haber conocido gente nueva y estar en una ciudad tan acogedora y atractiva como Düsseldorf hacen que todo acabe con buen sabor de boca.
Santi y yo nos quedamos hasta el lunes por la tarde y nos dio mucha pena despedirnos del resto del grupo... esperamos poder repetir pronto, aunque de momento parece que vamos a dejar escapar la oportunidad de ir con ellos a Viena y a Berlín... jopeeeee.
En fin, creo que voy a subir ya algunas fotitos para ilustrar un poco cómo es Düsseldorf, a ver si poco a poco deja de ser conocida sólo por su feria de calzado y adquiere más valor turístico.
Un viernes a las 15:30h, si no recuerdo mal, subimos a un avión de Ryanair que aterrizaría casi 3 horas después en el aeropuerto de Weeze, lo cual es una gran putada si llegas (o te vas) a horas que no hay buses hacia Düsseldorf, porque resulta que sólo hay a estas horas:
Nosotros no tuvimos problemas porque viajábamos en buenas horas, pero teniendo en cuenta que del aeropuerto a la ciudad hay casi 80 Km... es un poco rollo.
Sobre las cinco de la tarde estábamos en el Hotel Europa Düsseldorf... la verdad es que nos salió muy muy barato (creo que a poco más de 20 euros por persona la noche en habitación doble) y a demás entraba el desayuno, que estaba bastante bueno y tenía variedad.
La ubicación del hotel era correcta, quizás un poco lejos del casco antiguo, pero muy próximo a la estación de tren y bus (unos 10 minutos) y tenía cerca alguna parada de tram, lo que facilita las cosas.
La atención fue genial, los recepcionistas eran muy majos, eso sí, no esperéis un hotel moderno, los muebles de las habitaciones son de Ikea, pero aún así el ambiente respira sobriedad, austeridad y un rancior que bien puede entenderse como "exótico" (hay que ver las cosas buenas...). La cama era aceptable, aunque el lado de Santi se rompió y a media noche aparecía en el suelo enmoquetado y con leve olor de polvo, la ducha era super antigua y en el baño hacía frío y el televisor era parecido a los de nuestras abuelas (sí, aquellos que eran en blanco y negro).
En cuanto a si te estás planteando visitar Düsseldorf... yo creo que vale la pena para un fin de semana o como ciudad puente para visitar otros puntos de Alemania. El casco antiguo es muy pequeño y con encanto, hay diferentes barrios y vale la pena pasear por la zona nueva (donde está la zona de negocios).
Cuando llegamos, y tras comer en la habitación del hotel, Santi y yo salimos a pasear hacia los edificios de Frank Gerhy (unos edificios de formas orgánicas y revestidos con un material metálico que refleja la luz de una forma espectacular y hace que tengan un aspecto diferente en cada momento del día).
Paseando por la ladera del Rin nos llamó Iván, un amigo de Yoli y Guillermo, que llegaba en otro vuelo. Como no nos conocíamos tuvimos algunos problemillas para encontrarnos... sobre todo porque yo soy muy mala dando indicaciones en una ciudad que no conozco y le di una dirección algo lejana a dónde realmente estábamos... pero bueno, al final y bajo la lluvia nos encontramos y nos fuimos a tomar unas cervezas, cenar salchichas y bretzel y hacer tiempo hasta la llegada del resto del grupo, que nos llamaron a las 10 de la noche.
Düsseldorf es conocida como "el bar de Europa" o "la barra más larga del mundo" porque allí aún permiten fumar en muchos sitios y hay una cantidad inimaginable de bares, cervecerías, restaurantes... generalmente todos ubicados en el casco antiguo. Tienen terrazas con estufas y la gente sale a la calle a beber y se arman unos follones impresionantes.
El sábado madrugamos preparados para recorrer Düsseldorf, visitar la zona que Santi y yo ya habíamos visto el día anterior, subir a la torre de televisión (un pirulí altísimo y con unas vistas geniales), pasear por el casco antiguo, ir al aquazoo...
Lo cierto es que ha pasado tanto tiempo desde que fui que ya no recuerdo exactamente el orden de todo lo que hicimos, pero os aseguro que esta ciudad da para mucho más de lo que en un principio imaginamos.
Os anoto varias ideas que pueden ser de interés:
- Existe una tarjeta turística que vale la pena porque no es cara y te permite utilizar sin límites el transporte público (tranvía), entrar en el aquazoo, subir a la torre de tv y no sé qué más.
- Comer es como en España, se puede comer muy barato si se pide menú ejecutivo (9 euros dos platos, bebida y postre) y beber cerveza también es parecido a nuestro país.
- Allí la cerveza típica es la Alt, una cerveza tostada bastante amarga, pero que superado el primer sorbo está bastante buena (también hay "pils" -rubia-).
- Vale la pena hacer el recorrido en barco por el Rin, sobre todo con buen tiempo, porque durante el trayecto hay barra libre y puedes beber lo que quieras (así que el precio del billete es rentable, además las vistas son muy bonitas).
- El aquazoo es bastante chulo, hay una zona de clima tropical y tienen caimanes, aves... sueltos en una zona a la que puedes acceder para pasear.
- El tram es como el metro y resulta cómodo.
- Hay una zona que no recuerdo cómo se llama (Yoli si lees esto ayúdame!!!), pero es muy bonita y tranquila. Queda cerca de las ruinas de una fortaleza y es un barrio residencial con casas bajas, jardines... es parte de Düsseldorf, pero parece un pueblecito a parte. Desde las ruinas hay unas vistas formidables del Rin.
- La gente con la que tratamos fue muy agradable (excepto un camarero estúpido que nos sirvió muy mal y se cobró él mismo la propina), sobre todo en el museo del teatro, que fuimos y al estar cerrado y haber una fiesta privada, nos invitaron a una copa y ya de paso nos quedamos a un concierto...
- Las cartas de los restaurantes a los que entramos no están ni en español ni en inglés... allí alemán, alemán y alemán... Santi y yo que somos los que no hablamos idiomas nos comunicábamos con nuestro rudimentario inglés y algo de mímica... la gente te entienda perfectamente. El idioma nunca ha de ser un impedimento para viajar y a demás, al final siempre acabas aprendiendo alguna frasecilla que usas mil veces y quedas la mar de apañao.
Este fin de semana fue realmente divertido y nos lo pasamos muy bien, supongo que si juntas el habernos reencontrado con unos amigos a los que no vemos demasiado, haber conocido gente nueva y estar en una ciudad tan acogedora y atractiva como Düsseldorf hacen que todo acabe con buen sabor de boca.
Santi y yo nos quedamos hasta el lunes por la tarde y nos dio mucha pena despedirnos del resto del grupo... esperamos poder repetir pronto, aunque de momento parece que vamos a dejar escapar la oportunidad de ir con ellos a Viena y a Berlín... jopeeeee.
En fin, creo que voy a subir ya algunas fotitos para ilustrar un poco cómo es Düsseldorf, a ver si poco a poco deja de ser conocida sólo por su feria de calzado y adquiere más valor turístico.
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